En los hogares donde debería existir amor, protección y seguridad, muchas veces se ocultan gritos, silencios dolorosos y heridas invisibles. La violencia intrafamiliar sigue siendo una realidad desgarradora que afecta a miles de familias en todo el mundo, y la ciudad de Guayaquil no es ajena a esta problemática.
Los niños, por su condición de vulnerabilidad, son las principales víctimas indirectas de estos conflictos. Atrapados entre gritos y agresiones, crecen con profundas secuelas emocionales y comportamentales. Esta entrada busca visibilizar el impacto que tiene esta violencia en su desarrollo emocional, académico y social, y destacar la urgencia de actuar desde todos los frentes.
